¿Alguien vio alguna vez a este cretino?. Muchos decían que era el fin de la civilización. Que su programa era una totoal y absoluta porquería. Lo admito. Yo soy fan de ellos. La verdad. Pero todo se debe a que ellos realizaban todas esas sandeces que el Ed, Transis, Paco y yo hacíamos cuándo éramos jóvenes y bellos. Sip. Nada más que nosotros ni lo filmábamos ni nada. Se quedó nada más como un buen recuerdo. Muy bueno. Digo, ¿quién no ha hecho cosas de las que años después se arrepiente pero no puede dejar de sonreír al recordarlas?. Por ejemplo, ese "experimento" de no bañarnos por un mes que hicimos el Ed y yo, las veces que hicimos tonterías en la moto con Transis, las veces que llegamos con música a todo volumen a un velorio con Paco. Si. En definitivo. A eso súmenle mi "politiquez incorrecta" y tenemos un cóctel bastante chévere. Entre las ideas que aportaba para experimentar, estuvo darnos toques con un noqueador eléctrico. Ojo: 1992. Jackass lo hace 7 años después. Con el mismo noqueador, electrificar un pasamanos. En fin. Lo que para unos fue denigración y depravación, para nosotros era diversión. Para mí era entretenimiento. Y prefiero verle las nalgas a Chris Pontius cualquier día de la semana que dos segundos de Laura de América o a Paty Chapoy y sus gays y solteronas amargados.
Friday, August 05, 2005
"Hi, i'm Johnny Knoxville. Welcome to Jackass..:"
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
7:36 AM
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Exorcismo
En el nombre de todo lo que un día compartimos
Lárgate de aquí
Por todo áquello de lo que nos reímos
Vete de una vez
The Power Of Sauza Compells You
The Power Of Sauza Compells You
The Power Of Sauza Compells You
En el nombre del caxtle, del ixtle y de la cola del cacomixtle,
Largo de aquí
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
6:15 AM
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Thursday, August 04, 2005
La Vida Es Mejor Que El Cine, parte 3.
Cuándo tratamos de comparar los hechos del cine con la vida puede parecer aburrido nuestro día a día. Por ejemplo, si comparamos Forrest Gump con MI vida, si, lo acepto, la mía parecería un bodrio. Pero… siempre hay un pero… la vida de Sres. Padre y Madre fue más asombrosa. Y lo más increíble es que ambas son ciertas.
Así como Sra. Madre vivió un viaje sin comparación bajo el cuidado de Tim, mi abuelo que no era mi abuelo pero al que quiero tanto como si hubiera sido mi abuelo, Sr. Padre tiene lo suyo. Mi apellido Guijarro es, obviamente, herencia de él. Creo que es un apellido más interesante que Magaña aunque no tanto como Ceja. Sí, Mon Cheriés Lecteurs, Sr. Padre se apellida Guijarro Ceja. Creo que le gana un poquito (pero poquititititito) al Llanes de mi querida Merce. En realidad, NUNCA sabremos el verdadero apellido de Sr. Padre pero, les aviso, NO ES EN VERDAD ESE. Sip. Cuándo Abuela Chuy conoció a Abuelo Joe, éste le advirtió “me busca la ley y no te puedo decir mi verdadero nombre… confórmate con conocerme como José Guijarro”. Por lógica, a pesar de ser segunda generación de Guijarro, no es ese mi apellido real. Y nunca lo conoceré. Ni me interesa. Por ese apellido es que sobresalgo todavía más en un pueblo llenito de Adames, de Abarcas, de Cuevas, de Varelas y de Cervantes. Siempre fui el mismo número de lista: 16. Antes de los Hernández y después de los Gómez. Pero en fin, que me he desviado.
Estahistoria, igual, yo no la conocí hasta hace relativamente poco, seis o siete años. Así que encontrar hoy a Abuelo Joe ha sido más que imposible, pero aún así, mi primo Salvador Guijarro (mayor que yo, exactamente 23 horas, exactitas), logró localizarlo hace poco. ¿Y quieren saber que hizo el condenado cuándo lo descubrió, cuándo pudo descubrir que Joe vive en los Estados Unidos?. Le pidió un Home Theater barato. Je. Ese es mi primo, igual que yo pero más cínico (y eso ya es decir…).
De mi familia, de los Excéntricos Guijarros, podría contar millones de anécdotas. Pero las que hoy me interesan, son las de Sr. Padre. Campeón de Guantes de Oro (si, fue boxeador), militar extraordinario, contador destacado, político desinteresado (por la política, esto es… una vez fue precandidato a diputado y le valió m4dr3s) y padre… digamos bueno. En realidad, sus funciones como padre no las asumió hasta que tenía yo aproximados 22 años y de ahí para acá hemos sido los mejores amigos y confidentes y socios y cómplices y etc., etc.
Por ejemplo, en 1973, Sr. Padre tuvo un accidente terrible. Chocó contra un camión de los que en México llamamos materialistas, de esos de volteo y carga. Tan grave fue el golpe y en tan mal estado quedó, que lo declararon muerto. Así es. Por treinta minutos, Sr. Padre no formó parte de los censos ni de los números… fue más bien parte de las estadísticas de la Cruz Roja. Hoy, tiene una cicatriz del lado izquierdo de la cabeza, cerca de la ceja. Casi diez centímetros y que estoy seguro, será motivo de presunción para cuándo lleguen sus nietos. Después, trabajaba para Gobierno del Estado. Salió en comisión a un pueblo llamado Iguala. Conducía un camión. Y de pronto, veinte minutos antes de llegar al pueblo, ve como una llanta, con rin y todo, lo rebasa. Era la llanta trasera de la camioneta. Por poco y vuelcan pero eso sí, Sr. Padre siempre ha sido buen conductor, con buenos reflejos y mejores decisiones.
No puedo decir que seamos una familia de orgullosos unos del otro. De hecho, con Sr. Padre aprendí esas reglas de oro que dicen que entre hombres, hombres están más que prohibidas las muestras de afecto. Pero también que se puede ser sensible y chillar de vez en cuándo, cuándo nadie te mira. Señor Padre Guijarro Ceja. Levanto mi cerveza por vos. Salute, viejo. Cheers, Old Bean. Salud, Homero Simpson Original.
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
12:58 PM
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Un Nuevo Inicio
(El Cuento Que Siempre Escribir Para Ti Pero Que Nunca
Supe Si Existías De Verdad Y Hoy Escribí Para Dedicártelo)
Por Roberto Guijarro
1.-
Nunca esperé el momento de verte frente a mí por que sinceramente no existías más que en algún lugar de mi cabeza que ya no suelo visitar. Te saludo: Hola (contestas “hola”, en voz bajita si hay alguien, en voz alta si estás sola… pero contesta… “Hola”). ¿Estás bien?. Segura. Muy bien. OK. Primero, este capítulo te lo debes imaginar como una narración de “Los Años Maravillosos”. Si te sale, imagínate que yo estoy hablando y, sí puedes, pondrás el CD que más te guste de los que te di o de los que tienes. ¿Listo?. Muy bien. Aquí vamos.
Frío de mañana de invierno. Enero. El año comenzó más o menos bien. El cambio, que es algo que normalmente asusta, no me dio miedo. Para nada. Desde donde estoy parado, nadie se acuerda de haberme visto. Tú llegaste vestida con tu blusa blanca de manga larga y tu pelo trenzado y tus botines negros. ¿Ah verdad?. Me acuerdo. Pero me acuerdo por que dije “escuincla sangrona, trompuda… estuvieras tan bue…” y todo por que llegaste y me barriste de arriba abajo. Además de todo, me acuerdo por que me fumé como seis cigarros en menos de dos horas y la Diva se quejó. Alguien me sorprendió mirando hacia ti y me dijo: “ni se te ocurra”. De seguro me conocen algo. Pero no te miraba con ninguna intención. Digo, si recuerdas el paisaje, te darás cuenta que era mejor mirarte a ti que a un operador negro y feo, a un conductor de noticias desaliñado y a los barrenderos que limpiaban los restos de la fiesta.
Por alguna razón, mi memoria borra las siguientes semanas. Para ese momento he averiguado un par de cosas acerca de ti. No muchas por que me llegaron sin querer. Y me llegaron sin querer por que las cosas en las que creo así lo tenían escrito. Aunque yo no entendía lo que a veces me querían decir. Pero en fin. Mirarte tirada en las bancas, sentada cruzada de piernas ahí mismo, perdiendo el tiempo… como yo pero en bonito. Hasta el maldito día que se me olvidó llevarme mi libro. Estúpido libro, él tiene la culpa.
Sentado, aburrido, los periódicos recorridos. Te sientas enfrente. Te pregunto tu nombre. De volada me lo aprendo. Y todo por que te hicieron la misma broma que a mí: nombres de telenovela y apellidos que nadie puede escribir correctamente JAMÁS. Bueno, en mi caso sólo uno. Y es entonces cuando comienzo a ver, a mirar con atención más allá de la cáscara. Mmmh. Tal vez ahí estuvo el error.
¿Quieres saber cuándo fue la primera vez que me di cuenta y dije “esta chamaca me gusta”?. Fue un día que te estabas mirando en el espejo. Traías una blusa café como de gamuza o algo así que me gusta mucho. Y tus zapatitos como cafés que también me gustan como se te ven. En fin, que te vi mirándote y al rato me di cuenta: estaba pensando en ti. En fin. Como introducción, estuvo bueno ya. Ahora si va la historia que te prometí. Es un cuento que lleva siglos guardado en mí.
2.-
Esperanza.
Si los pasos de esa mañana hubieran sido un poco diferentes, si esa calle no hubiera estado llena de gente… si hubiera llegado dos minutos tarde, todas mis heridas, todos mis fracasos, nada hubiera sanado nunca. Y nunca hubiera vuelto a creer.
Mirarte hoy, aquí sentada junto a mí. Escucharte, olerte… disfrutarte. Es un milagro, un pequeño milagro de esos que ya estamos tan acostumbrados a ver que se nos olvida que son eso, milagros. Igual que el amanecer, que la lluvia en una tarde soleada. No puedo creer aún hoy, que alguien como tu aceptara a alguien como yo.
Sé que es difícil, que este mundo no es cuestión de reír y de amar y de querer todo el tiempo. Sé que has llorado, sé que no la has pasado bien, que muchas veces te han traicionado. Sé que no sabes a dónde vas ni a dónde quieres llegar. Pero aquí estoy yo. Apóyate en mí.
Nunca he creído en el amor a primera vista. Tal vez por que nunca me pasó. Pero si creo en construir las pequeñas cosas que te llevan a ser feliz. Creo en ser quién te da la mano para que subas un escalón más, para que te recargues y renueves las pilas para llegar lejos. Creo en ti y en mí.
No confías en mí. No crees en mí. ¿No quieres?. ¿No puedes?. ¿Qué más necesitas de mí?. No te toco más de lo necesario, no te beso más de lo que necesitas que te besen para que te sientas bella, querida, protegida, adorada. No te hablo más que para animarte, para decirte lo bien que te ves esta mañana, lo magnífico que te salió el café (aunque para la otra… menos azúcar, please) y lo excelente que te deseo sea tu día.
Si alguien como yo llegara a mi vida, yo tampoco confiaría en él (digo, alguien que estuvo a tres pasos del altar, que lo dejaron y no se suicidó… algo raro, ¿no?). Menos si me promete tantas cosas y peor aún: las cumple.
Continuará.
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
12:56 PM
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The Final Song Of The Swan
Quise escribirte las palabras más preciosas para conquistar tu corazón
Pero poeta no soy
Quise dibujar los más hermosos atardeceres, llenos de luz y color
Pero pintor no soy
Quise cantar la más bella de las canciones para que entendieras mi dolor
Pero músico no soy
Quise entonces hablarte
Pero mis palabras son mudas
Quise de la mano tomarte
Pero soy como un fantasma a tu lado
Nunca entenderás
Que dolor no podrás causar
Pues es tanto lo que tienes que ofrecer
Y no lo quieres soltar
Mi corazón va tras de ti
No lo puedo detener
No lo quiero detener
No lo pienses detener
Conocí a alguien una vez
Incapaz de decir “Te Quiero”
Insensible, intocable
Pero unos ojos, así como los tuyos, rompieron el hielo
Y entendió ese muchas cosas
Que no todo dura para siempre
Que hoy estás aquí, mañana quién sabe
Que no debes perder tiempo sin sentir nada por nadie
Y mientras estuvo encerrado
Ignoró muchas cosas
Lastimó a muchas personas
Perdió a muchas otras
Ese, ese que se atrevió a tanto por nada
Es quién está de frente a ti, hablando
Implorando le des una oportunidad
De hablar, de decir, de que sepas que te quiere
No, no se muere por ti
No, nunca lo has lastimado
No, no puedes herirlo…
Sólo te queda una cosa: lo tomas o lo dejas…
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
12:30 PM
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Los Caminos de la Vida
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
7:35 AM
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Tuesday, August 02, 2005
Yo, Políticamente Incorrecto
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
8:37 AM
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He De Confesar
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
7:26 AM
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Martes, 02 de agosto 2005
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
7:16 AM
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Monday, August 01, 2005
Mensaje Público
A LaViga: Estoy bien. Me he desaparecido un poco por una cuestión que ya te contaré luego.
A los demás: Estoy bien. Me he desaparecido un poco por una cuestión que ya les contaré luego.
A LaViga y a los demás: HOY COMIENZA MI NUEVO PROGRAMA!!! A LAS DOS DE LA TARDE!! PIDAN YA SU COPIA Y SE LAS ENVIO A VUELTA DE CORREO ELECTRÓNICO.
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
7:49 AM
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Las Ventajas de Ser Soltero
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
7:21 AM
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Gran Mentira, Mundo Pequeño
Por Roberto Guijarro
PRIMERA NOCHE.
SOLO OTRA VEZ… NATURALMENTE.
Después de trabajar, haciendo tiempo en la calle para no llegar a casa y cuándo no encuentro más pretextos, vuelvo; meto la llave en la cerradura. No hay nada. Ni tu aroma ni tu risa ni tu música a todo volumen ni tu bolso en el comedor ni tus llaves. Nada. Solos yo y la gata blanca que era tuya y que se te olvidó. O que tal vez dejaste como para hacerme recordar que de verdad exististe en mi vida.
Después de preparar la cena y de tirarle constantes pedacitos de jamón a tu gata, como tú acostumbrabas y que ahora ella, exigente, me mira y me pide en silencio, me siento en la sala. Pongo el CD que, de tanto escuchar, rayaste. Prendo un cigarrillo. Abro una cerveza. Yo no fumo y tú no bebías. Así como yo odiaba el humo, tú detestabas el alcohol. No me fumo el cigarrillo pero si me acabo la cerveza en tres tragos. Lanzo la lata al basurero que queda tras del sillón y a un lado del refrigerador ¿y que crees?, la meto, limpiamente. Justo como te caía tan mal que hiciera. Miro alrededor, buscándole sentido a seguir aquí. Entonces veo los ojos verdes. De frente, mirando inquisitivos. Tu gata está sentada en el resquicio de la ventana, justo dónde se sentaba a esperar a que volvieras. Hace mucho que no lo hacía. Supongo que el escuchar tus canciones por mi culpa hizo que te extrañara también.
PRIMERA MAÑANA.
UN DÍA NUEVECITO.
Decido no ir a trabajar. Nadie se dará cuenta. Me siento de nuevo en tu sillón. Abro el viejo álbum que también miraste hasta el cansancio. Ese que comenzó mi madre y que continuaste tú. Me da frío. Abro el armario y agarro mi viejo suéter gris. Si. Ese mismo que rescaté de la basura cuándo decidiste que me iba mejor el casimir y la lana. Regreso a la sala y, sobre el álbum, tu gata. Curioso. Se sentó exactamente en la última foto que nos tomaron juntos. ¿Te acordarás de ese día?. Llovió mucho. Tú ya no vivías conmigo. A pesar de tu renuencia a verme, por alguna razón que jamás entenderé, me invitaste al cine. ¿Recuerdas la película?. Yo sí. Pero más la recuerdo por que no la vi. Toda la cinta estuve mirándote en la oscuridad de la sala. Disfrutando de ti. Fuimos a cenar y encontramos a tu amiga Leticia. Ella tomó la foto por que era día de su cumpleaños. En ese maldito restaurante dónde pensaba arreglar las cosas para que volvieras conmigo y al que no he vuelto a entrar. Por cierto, el otro día me encontré a Rodrigo, nuestro mesero. Te manda saludar. Aparto a la gata del álbum y ella vuelve hasta el resquicio de la ventana. Me doy cuenta: está nublado afuera. Decido salir a caminar. Así, entre una muy ligera llovizna, mis pasos me llevan a dónde vives ahora. Ese departamento “dúplex” de lujo que compartes con Maestro Limpio. Maldita sea. Es curioso que tu nuevo nido esté a sólo minutos de nuestro rincón. Supongo que las bromas que a mí me juegan entre Dios y la vida nunca terminarán. Me doy media vuelta. Cuándo intento regresar sobre mis pasos, un auto sale del estacionamiento. TU auto. Vas con Maestro Limpio. Tu mirada me atraviesa. A pesar de estarme mirando directo a la cara a través de tus gafas oscuras y el cristal de la ventanilla, no me ves. O finges demasiado bien. Me levanto las solapas de la chaqueta intentando cubrirme del frío y me doy cuenta: es la de lana que me obsequiaste la última navidad. Miro al suelo, esperando a que terminen de salir tu y Maestro Limpio. Cuándo salen, volteo y me parece mirarte volteando. Je. Cuándo llego a casa, no lo puedo evitar. Un pinche suspiro y una cabroncísima lágrima se me escapan. Y tu pinche gata, sentada en el resquicio de la ventana, me mira y parece decirme: “sí, te entiendo… está cabrón que te olviden”. Me doy cuenta de algo más: vuelvo a decir groserías y a sentirme a gusto diciéndolas.
SEGUNDA NOCHE.
SEÑALES DE ADVERTENCIA.
Media botella de whiskey. Jack Daniel’s. El que más odiabas por que, con dos tragos, yo ya estaba ebrio. Sin embargo, esta noche no pasa nada. No estoy ebrio, no me siento mareado y no siento ganas de llamarte. Sentado, en la oscuridad de la sala, estoy cantando “I have to find you, tell you i need you…”. Y tu gata por fin se quita del resquicio y se sienta en mi regazo. La misma cara de reproche que tú me ponías cuándo bebía solo. “Nobody said it was easy… no one ever said it would be this hard… take me back to the stars…”. Me fumé un puro. A pesar de que dejé de fumar hace años, a pesar de que intenté que lo dejaras, esta noche no lo pude evitar. Y eso es lo que parece molestar más a la gata. O será que el olor a tabaco y whiskey que siempre tenían nuestras discusiones, le volvió a recordar que te fuiste y que la olvidaste aquí. “And the truth is I Miss You…”. Sí. La verdad es que te extraño. Te extrañamos. Levanto la bocina del teléfono. Intento marcar tu número. Pero se me olvidó. Lo olvidé. Caray. Tu gata me espera en la cama. Igual que cuándo estabas tú. Se recuesta sobre tu almohada y sólo parece descansar cuándo apago la luz y me le quedo mirando, en la oscuridad. Cierra los ojos y con un suspiro, parece decirme: “descansa… igual mañana será otro día”.
SEGUNDA MAÑANA.
LA VELOCIDAD DEL SONIDO.
A media mañana, salgo de la oficina. Pasaron tres cosas terribles. La primera se dio cuándo me paré a comprar café. El señor me dio dos vasos. Me dijo “uno capuchino para la pecosa”. Obvio, se refería a ti. “No”, le dije, “la pecosa hoy no toma café”. La segunda pasó en la oficina. Vino tu amiga Leticia. A pedirme una blusa que también olvidaste en el departamento. Le mentí. Le dije que tiré todas tus cosas. La verdad es que esa fue la blusa que te quitaste y aventaste quién sabe dónde la última vez que me hiciste el amor. La encontré tres días después de que te habías ido. Estaba borracho. Me dormí en el suelo de nuestro… de mi cuarto. Y ahí, debajo de la cama, detrás de una caja de quién sabe que cosas, estaba la blusa. Estiré la mano y la tomé. Al tomarla, casi la sentí tibia, como si te la hubieras acabado de quitar. Y olía a ti. Demasiado. Mucho. Por eso no se la quise dar a Leticia. Salí casi tras de ella. Una vez en la calle, sentí náuseas y vomité. Con una chingada. Me caga ser tan débil cada que tu mundo vuelve a chocar con el mío. La tercera pasó de nuevo en la oficina. Cuándo regreso a mi cubículo, Manuel me dice que necesita un número telefónico y unos papeles. Cuándo despego un post-it para darle el número que necesita, descubro una foto tuya. Mi favorita. Estás con la pinche gata. Tu sonriente, con la piel rosada. Cualquiera que la mire, lo adivina. Estabas enamorada cuándo te tomé esa foto. No de mí, pero sí estabas enamorada. Y tu gata, por alguna razón, cerró un ojo. Parecía querer decir algo. Lástima que no la escuché. A lo mejor ella sí sabía que nos ibas a abandonar. Manuel me pregunta por ti. “No sé” le digo. Me doy cuenta: aún hay mucha gente a la que no le he dicho que te fuiste. Demasiada. Pero algunos parecen adivinarlo.
TERCERA NOCHE.
HISTORIA DE FANTASMAS.
Compré comida china. Leo, el dueño del restaurante me dijo que te vio, el domingo pasado. Entraste con Maestro Limpio. Y a Maestro Limpio no le gustó el lugar. “Que bueno” dijo Leo, “eso le pasa por traer gente nueva al lugar que era sólo de ustedes…”. Me río. Por dentro. Estoy de acuerdo con Leo. Al llegar a la casa, miro a tu gata. Pinche animal, ¿qué no se ha movido de la ventana en todo el santo día o que le pasa?. Sacó la comida de los contenedores. Dos veces le acerco un tenedor, como tú le hacías. Sólo me voltea a ver, me manda a la chingada y sigue mirando afuera. Comienza a llover. A torrentes. En medio de la tormenta, Ed me llama. Platicamos largo. Entre otras cosas, me dice que debería sacar lo que traigo dentro. Bromeando le digo que sería un batidillo pues acabo de cenar comida china. Nos reímos como tontos, como cuándo éramos adolescentes. “En serio… deberías hablar de eso… al menos escribir como antes…” . Como antes. Si todo fuera como antes, no estaría aquí sentado, viernes en la noche, hablando por teléfono con mi mejor amigo, que, por cierto, es casado. Si todo fuera como antes, estaría contigo, en algún bar, en algún café, en uno de tus pinches lugares culturales, en el cine… o cogiendo como animales en el piso de la sala, yo empujando a tu pinche gata que a cada rato nos venía a mirar y sólo se quedaba así, mirando fijamente. Eso me cagaba. Me sacaba de concentración. Cuándo cuelgo el teléfono de hablar con Ed, saco una cerveza. Me vuelvo a sentar en tu sillón. Meto las manos en los lados del cojín, sin saber que encontrar. Unas monedas, polvo, pelusas. De pronto encuentro el librito azul que tanto desmadre hiciste por que no aparecía. Tu pinche diario. La tentación de abrirlo es demasiada. De todos modos, pendeja, ya me culpaste. Ahora lo leo. Lo comenzaste al día siguiente de venirte a vivir conmigo, a mi departamento. Página tras página de cómo eras feliz, de cómo te molestaba que hiciera tal o cual pendejada. De cómo te gustaba esto y lo otro, de cómo cada semana esperabas de mí esto o aquello. ¿Sabes cuántas veces encontré que me querías?. Ni una. Nada. Y me acordé. Jamás me lo dijiste. Que pendejo soy, ¿no?.
TERCER DÍA.
ARREGLARTE.
La mañana llega cuándo todavía estoy leyendo tu basura de diario. ¿Será posible que me haya enamorado así de alguien como tú?. Al carajo. A la mierda. Se acabó. Mi luto termina hoy. No más lamentarme por perderte. Se acabo. Miro a tu gata. Todavía en el resquicio. No mames. ¿Qué no se aburre?. Me meto a bañar. Me visto, me arreglo. Pienso en que hoy si voy a hablarle a la chica del puesto de periódicos que está cerca de la oficina. Me pongo hasta corbata. Carajo. Reviví. Antes de salir, verificando que todo esté en orden, veo de nuevo a tu gata. No ha comido. Voy por ella a la ventana. Al tomarla, veo lo que lleva días mirando: Tú, sentada en la banqueta, mirando como pordiosera a mi ventana. Mojada por la lluvia. Cierro la cortina despacito, despacito. Y cuando la cerré, suena el timbre. Bien… ahora sólo tengo que decirte que te vayas a la mierda, cara a cara…. de frente. Y si me pides a tu pinche gata, chingas a tu madre, no te la doy. Es más mía de lo que jamás fue tuya. A los dos nos olvidaste aquí, ¿qué no?…
FIN.
Lo Pensó Un Chingo Y Después Lo Escribió:
Bob Guijarro
A Las
7:17 AM
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